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Mujer swinger, ¿mujer objeto? |
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En un intercambio de mensajes con una lectora, ella sugirió que de alguna forma la mujer en el swinger era una ”mujer objeto”. La razón de esa conclusión es que ella es entregada a otros brazos para satisfacción de su esposo y convencida de que es por su propio placer. Si bien la conclusión me pareció muy tendenciosa, es bueno ahondar en el tema. Siempre dije que la posición de la mujer en el swinger es dominante, ya que su sexualidad es más poderosa. Como esta es una actividad sexual, en primer lugar, el papel de la mujer es primario porque es la mejor adaptada para el sexo amplio o grupal. Ahora bien, en este juego de intercambio, se transfieren los modos y costumbres de la pareja. Si en su vida privada ellos son de una manera, por ejemplo: él es dominante, decide por ella y manipula, seguramente en el swinger él tendrá la opinión fundamental y quizás induzca a ella a encuentros no deseados. Pero también tenemos que tomar en cuenta que el swinger cambia muchos parámetros de la pareja, libera a la mujer en muchos planos, sé de muchos casos donde la situación se invirtió y ellas, por lo menos en ésta ocación, pasaron a ser dominantes. También el rol de macho se desdibuja en el intercambio y el hombre pierde su instinto de cazador y desarrolla un perfil sexual más ambiguo, puede inclusive sentirse acosado por el perfil de mujeres de pasión liberada. La mujer fue moldeada por la cultura hace más de dos mil años con una sexualidad adaptada a las necesidades del hombre y no para su satisfacción propia. Hoy ésto está cambiando, por lo menos en una parte del planeta. En el swinger la igualdad de derechos sexuales es llevada a su máxima expresión, ya que la mujer despliega su potencial sexual, que inclusive en la pareja monogámica, generalmente no lo logra. Podríamos decir que en el swinger ambos somos objetos del placer de nuestra pareja, y a la vez objetos del placer de terceros, es decir otras parejas. Todos concientes de su propio rol, porque jugamos para la satisfacción común, pero excluimos lo romántico; de esa forma focalizamos más en lo genital de una persona, que en su globalidad como ser. En esa abstracción se podría decir que aceptamos un plano de ser y considerar a otros objetos de placer, si es que cabe esa tipificación a un acto realizado en común acuerdo y placentero para todos. Hay mujeres que en su vida conyugal satisfacían a su pareja, pero él no tomaba en cuenta los deseos y el potencial sexual de su compañera. En ese caso ¿ella sería para él un objeto?, quizás sí. Una mujer en el swinger se descubre y explora su sexualidad de una manera que aún en el marco romántico de su pareja no lo lograba, ¿es allí objeto? o ¿deja de serlo?. Cuando una mujer disfruta no existe la relación “sexo - objeto sexual”, no importa si lo hace a pedido de su pareja o por iniciativa propia, lo cierto es que hay placer. La mujer swinger cambió los parámetros de valoración de su cuerpo en lo sexual, éste ya no es una catedral inmaculada sólo digna de su ser amado, es el vehículo para dar y recibir placer sin la objeción moral de la cultura dominante. La imágen de objeto se disuelve en una concepción de la sexualidad, que intentando revalorizar a la mujer la castra, le impone una nueva limitación en la búsqueda del placer sin estereotipos. Autor: Daniel Bracamonte, Revista Entre Nosotros Swinger
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