• Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Swingers reales vs. swingers ocasionales E-mail

Nos pasó que más de una vez nos deslumbró una pareja -o una parte de ella- y nos dijimos ¨avanti, esta es para nosotros¨, y al llegar y hablar sacamos de movida que no eran una pareja real sino dos amigos, un tipo con una mujer haciéndole pata, un tipo y un gato, dos amantes, etc. Si lo hicimos o no es otra historia, pero lo cierto es que ahí una de las normas del swinger no se cumplió y pensamos que la pasamos bien pero no fue lo mismo que con iguales. Ustedes pueden o no estar de acuerdo con este precepto, pero lean la conversación que escuchamos de dos hombres tratando de acordar un encuentro entre una pareja ocasional y otra real y sus entuertos. Marcia y Héctor, la pareja real:

 

Héctor: -Mira aquella pareja cómo marca. Marcia: -Sí, me parecen raros, ella es demasiado joven y sueltita.
Héctor: -Che, no discrimines, hay muchos maduros casados con pendejas.
Marcia: -Sí, también hay muchos maduros con gatos.
Héctor: -Bueno, listo, lo dejamos ahí.
Marcia: -No, si quieres encará, a mí el tipo no me desagrada, es un maduro pintón. Pero no te ensartes, sabes que no me van las parejas ocasionales, yo entrego a mi esposo y pido lo mismo.

 

Héctor se acerca a Raúl y Sonia, la pareja ocasional:

 

Héctor: -Hola, disculpa, me llamo Héctor. Los estábamos observando y se me ocurrió venir a hablarles. Mi esposa es medio tímida, por eso encaro yo...
Raúl: -Un placer (saluda amablemente mientras su supuesta pareja ignora la conversación bailando sola y sinuosamente). Mira, yo también los miraba, tu mujer es muy bonita.
Héctor: -Sí, la tuya también. La verdad, tenemos onda con ustedes.
Raúl: -¿Sí?. Qué bueno... Mira, somos nuevos, no sé cómo sigue esto acá en el boliche. No sé cómo se hace.
Héctor: -¿Sabes?, a nosotros nos gusta la intimidad, preferimos en un hotel. Pero no tenemos apuro, si quieren quedarse un rato más en el boliche, todo bien.
Raúl: -Ah, vos decís salir... (Busca con su mirada a su pareja, que continúa bailando ignorando a ambos). ¿Y es lejos el hotel?. Digo... no tengo... no tenemos mucho tiempo...
Héctor: -No, acá cerca. ¿Tienes hijos?. Digo, por el apuro, ¿o laboras mañana muy temprano?.
Raúl: -No. Digo... sí, las dos cosas. Espera que lo hable con ella.

 

Se va a buscar a la joven que transpira de tanto zarandear su cuerpo laburado y producido. Héctor mira de reojo a su mujer a la distancia y le hace seña de que todo va viento en popa. Ella sonríe socarronamente. Después de unos minutos de intensa charla con su pareja, Raúl vuelve.

 

Héctor: -¿Todo bien?.
Raúl: -Sí, todo bien, pero no tenemos más de una hora.
Héctor: -¿Una hora?. Mira, es medio poco. La onda es conversar y crear un clima caliente. Después, nosotros somos muy abiertos en cuanto a sexo, así que tenemos para un buen rato de placer. ¿Una hora?... no sé si mi mujer querrá así...
Raúl: (Nervioso y excitado, se acerca a Héctor en maniobra de confidencia). Flaco, mira, tienes cara de tipo piola. Tu mujer me re gusta y esta que está conmigo hace todo, te va a dar vuelta. Acortemos lo más posible el encuentro y no te vas a arrepentir, al fin y al cabo los dos queremos ponerla.
Héctor: (Traga saliva y se pone rojo) -MM... no entiendo... ¿Esta quién es? ¿Tu mujer? ¿Tu novia?...
Raúl: -Flaco... ¿para qué te la voy a dibujar? Esta minita es un patín, pero no un patín de esquina, es ¨acompañante¨, a mí me sale un fangote la hora y a vos no te sale nada... Jaja, pero cada hora me rompe el bolsillo. Aparte soy casoriado, ¿viste?, y no tengo toda la noche.
Héctor: (Ya con la vena inflamada y latiente) -Mira: esa que está ahí es mi mujer, madre de mis hijos y compañera desde hace quince años. Vivimos esto juntos, y nos costó, no es fácil la decisión. Yo nunca fui de putas, y no considero a mi mujer una puta y no la cambio por una, con el respeto que estas trabajadoras me merecen. No me calienta cogerme a una mujer por lo fuerte que está; me calienta el intercambio, cogerme a tu mujer y que se cojan a la mía en mi presencia y mirando cómo goza. Yo no vengo acá a ponerla, vengo a intercambiar, tener sexo con otros como nosotros... Te doy un consejo: acá a unas cuadras tenés un cabarute, anda ahí con tu minita. ¡No!. Mejor... ¿sabés qué?: andá con tu mujer, que está sola en tu casa.
Raúl: -¡Eh! ¡Qué mala onda!. Te soy sincero, y me tratas así... Yo soy swinger de toda la vida, pero mi mujer no quiere...
Héctor: -Creo que tu mujer no sabe...Es más, no sé si le diste la oportunidad. Pero no es mi asunto, el tema es que vos sos impresentable con mi mujer. Chau, suerte. Y hazme caso: anda a tu casa con tu mujer.
Raúl: -Listo, vos te la perdés. Total, acá hay muchos que por un buen culo no hacen ninguna pregunta...

 

Héctor se fue cabrero y algo dolido por el último comentario del desleal marido: ¨acá por un buen culo nadie te hace preguntas¨. Él sabe que hay muchas parejas como ellos, que son swingers de verdad y los detalles de este tipo sí les importan, pero la movida creció tanto que ya no todo lo que brilla es oro. Sabe que incluso algunos boliches fomentan lo liberal sobre lo swinger: ¨los mangos mandan¨, diría un refrán porteño. Pero él vuelve con su pareja, admitiendo que ella estaba en lo cierto. Van a bailar y se trenzan con gente como uno. Esa noche, en un bar conocido en el swing, dos parejas del ambiente intercambian en un clima de fuerte sensualidad y entrega, hablan algo de sus vidas, de sus hijos y cosas de parejas después del sexo.

 

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario

security code
Escribe los caracteres de la imagen


busy